Compartiendo el viaje.

Italia nos ha enamorado por completo. Sus rincones, sus ciudades históricas, su idioma, su comida, repito, su comida… Creo que si algún día
nos perdemos, Italia puede ser una buena candidata para que nos busquen. Pero en este caso, nuestro paso por Italia lo queremos destacar por las personas que hemos conocido y con las que hemos
compartido el viaje.

Creo que existe una diferencia entre ser turista y ser viajero. En el caso del turista nos comportamos como auténticos consumidores, donde
lo fundamental es ver y hacer lo típico, tomar la foto y poner otra chincheta en el mapa. Por el contrario, el viajero también busca ver lugares, pero profundiza más en la cultura y se preocupa
por conocer a las personas. Este viaje nos está enseñando a ser más viajeros y menos turistas.

 

En Italia hemos aprendido a decir SÍ cuando un “desconocido” nos invita a su casa o su mesa, cosa que antes no hacíamos “por no molestar”. Y
es que según vamos sumando kilómetros, las personas que vamos conociendo, son una parte cada vez más importante del viaje. Quiero dedicar este artículo a todas esas personas que han compartido
con nosotros su casa, su mesa y sus lugares favoritos. A todos ellos gracias por hacernos sentir en familia.

Incluso nuestra furgo ha hecho amigos, en este caso ayudando a recoger olivas sujetando la red a orillas del Lago di Garda
Incluso nuestra furgo ha hecho amigos, en este caso ayudando a recoger olivas sujetando la red a orillas del Lago di Garda

Italia tiene nombre de mujer: Marilena.

No podemos hablar de este país sin hablar de Marilena, una mujer “brava” como dicen aquí y bautizada cariñosamente por nosotros como nuestra “mamma italiana”. Conocimos a Marilena y Paulino, su pareja, en la estación de anillamiento de los Alpes, ya que ella es anilladora de aves y como nosotros, participaba en el mismo proyecto.
Allí, nos invitaron a compartir unos días con ellos.

Llegamos a casa de Marilena y Paulino un sábado por la noche y no éramos los únicos invitados, sus amigos Carlo y Else también venían a
cenar. Marilena tiene una mano exquisita para la comida (nuestros kilos de más dan fe de ello) y nos tenía preparada la bonita experiencia de hacer nuestra
propia pasta fresca. Pero no se trataba de una pasta normal, sino que íbamos a preparar tallarines de castañas silvestres, recolectadas por ellos mismos.

Tras hervir las castañas, se amasan junto con un poco de harina hasta conseguir la masa para la pasta.
Tras hervir las castañas, se amasan junto con un poco de harina hasta conseguir la masa para la pasta.
Con una maquina para pasta, algo típico en cualquier casa italiana, se preparan grandes laminas de masa y se cortan en tallarines.
Con una maquina para pasta, algo típico en cualquier casa italiana, se preparan grandes laminas de masa y se cortan en tallarines.
Por último se llevan hasta la olla con el agua hirviendo.
Por último se llevan hasta la olla con el agua hirviendo.

Finalmente y tras mucho trabajo, llegó la recompensa, una pasta fresca de castaña aderezada con nueces (también silvestres) y queso ricotta,
realmente buenísima! Posiblemente la mejor que he comido en mi vida, lástima que por internet no tenga la opción de poder compartir un poquito de este plato…  Delicioso!!!

Marilena y Paulino con el platázo de tallarines preparado para servir.
Marilena y Paulino con el platázo de tallarines preparado para servir.

Carlo y Else, un lenguaje en común.

En este viaje nos hemos dado cuenta que existe un lenguaje no escrito, un lenguaje entre personas que comparten la pasión por subirse a algo
con 4 ruedas y viajar por el mundo. Carlo y Else (los amigos de Marilena y Paulino) son de ese tipo de personas. Ellos tienen una pequeña autocaravana de los 70’s, todo un clásico en la que han
vivido más de una aventura junto con sus hijos Leonardo y Valentina. Son una pareja sonriente y realmente encantadora, entusiastas de la vida que trasmiten energía y contagian las ganas de seguir
viajando.

Carlo y sus hijos Leonardo y Valentina empujando su vieja autocaravana.
Carlo y sus hijos Leonardo y Valentina empujando su vieja autocaravana.

Y así, sin apenas conocernos, nos invitaron un par de veces a su casa, donde nos contaron sobre sus aventuras y sus viajes. Gracias familia
Recchia por vuestras sonrisas, tanta hospitalidad y por las galletas de Valentina… qué ricas!

Bea, Marilena, Paulino, Else y Pablo junto a nuestra furgo viajera.
Bea, Marilena, Paulino, Else y Pablo junto a nuestra furgo viajera.

La verdadera laguna de Venecia.

Nuevamente gracias a Marilena, nos ponemos en contacto con Luca, otro anillador italiano que, también sin conocernos nos invita a pasear en
su barca, diciéndonos que tenemos que conocer la auténtica laguna de Venecia, la que no aparece en las guías turísticas. A pesar de ser una de las noches en las que más frío hemos pasado, a la
mañana siguiente acudimos muy emocionados a nuestra cita. Comenzamos el día recorriendo en barca la laguna sur de Venecia, un ecosistema creado por la unión entre acción humana y
naturaleza.

Con Luca navegando en las aguas de la laguna de Venecia.
Con Luca navegando en las aguas de la laguna de Venecia.
En los embarcaderos hay 1000 casetas para las barcas, 999 de pescadores y 1 de un anillador, la de Luca.
En los embarcaderos hay 1000 casetas para las barcas, 999 de pescadores y 1 de un anillador, la de Luca.

En la ruta surcando los diferentes canales, Luca nos explica cómo funciona la laguna, la cual se regenera artificialmente y cómo vive la
gente de su pesca. Nos encontramos en marea alta, el mejor momento para observar multitud de aves limícolas. La mayoría se encuentran posadas en los maderos que delimitan los canales. Hay una
verdadera disputa por encontrar un hueco libre, y es que tienen que esperar unas horas antes de que la marea baja les permita caminar por la arena en busca de alimento.

Limícolas disputándose un hueco seco durante la marea alta.
Limícolas disputándose un hueco seco durante la marea alta.

Aquí disfrutamos de uno de los mejores momentos de nuestro viaje: parados en mitad de la laguna, tuvimos la suerte de contemplar el
espectáculo de miles de correlimos comunes (Calidris alpina) volando a escasos centímetros de la superficie del agua. Mejor lo veis en el siguiente
video y si subís el volumen escucharéis el sonido que hacían al sobrevolarnos… Impresionante.

Tras el paseo por la laguna, Luca nos llevó de visita guiada a su estación de anillamiento ubicada en el Valle Morosina – Ghebo Storto. Se
trata de una laguna privada y muy bien gestionada, donde de manera sostenible convive naturaleza salvaje, caza y pesca. Debido al interés por la caza de la cerceta común (Anas crecca), se hace una gran inversión en la conservación de la laguna y todo su ecosistema, al mismo tiempo que se explota como “piscifactoría natural” para
consumo humano. Aunque la caza no es algo que me haga mucha gracia, éste es un claro ejemplo donde la conservación y el interés económico se dan la mano por un bien común.

Una pareja de cerceta común (Anas crecca).
Una pareja de cerceta común (Anas crecca).
Vistas desde una de las torretas de observación que hay alrededor de la laguna.
Vistas desde una de las torretas de observación que hay alrededor de la laguna.

Para finalizar el día, Luca nos llevo a Chioggia, donde se encuentra una de las tres entradas que comunica el mar abierto con la laguna sur
de Venecia. El lugar es como una pequeña Venecia, con canales de agua surcando el pueblo.

Canal por el centro de Chioggia.
Canal por el centro de Chioggia.
Caseta de pescadores con un sistema de redes por poleas cerca de la entrada de agua de mar a la laguna de Venecia en Chioggia.
Caseta de pescadores con un sistema de redes por poleas cerca de la entrada de agua de mar a la laguna de Venecia en Chioggia.

Disfrutamos de una especialidad típica gastronómica de Chioggia: la “crema fritta”, receta de la familia Zennaro que lleva vendiendo este
dulce de manera exclusiva desde el 1948, realmente exquisita. Y como colofón Luca nos invito a un típico chocolate caliente, también habitual entre los lugareños durante las tardes de invierno.
En definitiva una jornada espectacular, donde tuvimos de todo.

 

Gracias Luca por el increíble día!

Luca y Pablo con la famosa "crema fritta".
Luca y Pablo con la famosa «crema fritta».

Nuestra familia italiana

No podíamos estar en Italia y no visitar a nuestra “verdadera” familia italiana. Así que fuimos a Villesse, a pocos kilómetros de Venecia
donde viven Cate (la cuñada de Bea) y sus padres. La verdad, esta invitación fue una salvación, se acercaba un frente de frío del norte y sólo pensar en pasarlo en la furgoneta, ya nos daba algo
de miedo friolero. Fueron dos días que agradecemos muchísimo, ducha calentita y dormir con calefacción es todo un lujo cuando viajas en tu furgoneta y aún más cuando ves todas las montañas
nevadas desde la ventana.

Con la familia de Cate en una deliciosa cena y resguardados del frío del norte.
Con la familia de Cate en una deliciosa cena y resguardados del frío del norte.

Aprovechamos la visita y los buenos conocimientos de Cate para conocer los famosos vinos de la zona, destacando la Hacienda agrícola de
Castelvecchio, donde en la misma finca puedes disfrutar de sus vinos y alguna tapa junto con tus amigos. Gracias Cate y familia por la comida tan buena y por hacernos un hueco en casa.

Cate y Bea disfrutando del Spritz, típica bebida de la zona de vino blanco y agua con gas.
Cate y Bea disfrutando del Spritz, típica bebida de la zona de vino blanco y agua con gas.

Vuelta a casa

Sin duda, conocer a todas estas personas, fue una de las mejores cosas que nos pudo pasar en Italia, gracias a ellos vivimos un poco la
verdadera Italia e hicimos una pequeña red de amigos que nos llevo a conocer más lugares, más personas y vivir más experiencias.

 

Sin embargo, como ya os hemos contado, nos tocó volver a España de imprevisto, lo que significó un cambio de planes en el viaje y dejar
Italia a medias, o mejor dicho, pendiente para volver. Pero una vez asimilado que teníamos que regresar, nos dedicamos a disfrutar de la vuelta a casa…

Entrenamiento de caballos en la playa cerca de Niza
Entrenamiento de caballos en la playa cerca de Niza
Los restos de la presa de Malpasset, Francia, tras la catástrofe de su rotura en 1959.
Los restos de la presa de Malpasset, Francia, tras la catástrofe de su rotura en 1959.
Con Olivier en la Camarga francesa.
Con Olivier en la Camarga francesa.
Nuestra última cena en la frontera con España con nuestros amigos Luis y Eva de la Trastoneta, que ricos los creppes!!!!
Nuestra última cena en la frontera con España con nuestros amigos Luis y Eva de la Trastoneta, que ricos los creppes!!!!

GRACIAS a todos por los buenos momentos vividos en Italia y por formar parte de este sueño llamado “verde por dentro”.

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